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Inmigrantes en Valladolid

“¡Mecánico de tanques en la Unión Soviética! ¿Cómo has terminado aquí?” Esta es una de las frases que más le repiten a Miro , uno de los inmigrantes que integran las reducidas cifras de inmigración en Valladolid durante 2010.  “Es lógico que menos inmigrantes arriben a la ciudad. La crisis es difícil para todos pero incluso más para comenzar una vida nueva”, dice.

Tiene 38 años y lleva 6 fuera de su país. Decidió emigrar a Grecia en busca de mejores oportunidades y  allí consiguió dos becas para estudiar en Valladolid el Grado en Español, Lengua y Literatura, lo que siempre quiso. Salió de Armenia sin trabajo y casi sin esperanzas. Nació y creció en el país eurasiático, donde llegó a trabajar de mecánico de tanques para el ejército del régimen y como profesor de informática dentro de las fuerzas armadas. Para Ngoyan, se acabó la Unión Soviética y se acabó el trabajo. Sus servicios ya no eran necesarios con el fin del régimen por lo que se quedó sin empleo y con muy pocas posibilidades de encontrar uno nuevo. Nadie necesitaba lo que él sabía hacer.

Con 32 años decidió emigrar  a Grecia, sin ni siquiera conocer el idioma. En poco tiempo lo aprendió, aunque nunca supo escribirlo. Comenzó a estudiar literatura en Grecia, pero en castellano, con planes de aprender la lengua y emigrar a España lo antes posible. Consiguió un trabajo que le permitía vivir, lo que ya era mucho más de lo que tenía en su país en los últimos años: montaba escenarios para espectáculos, preparaba luces y sonido…

2010 le trajo lo que esperaba: consiguió dos becas institucionales que  le permitían moverse a Valladolid a estudiar literatura en la Universidad.  Su situación en la ciudad no es estable, porque las becas no lo son. Ha tenido varias alertas de suspensión de las mensualidades, sin las cuales no podría permanecer en España. Los que le conocen, le definen como un luchador nato que, tras unos rasgos dulces e inocentes, esconde una gran fuerza y afán de superación.

Afirma que su país natal está  marcado por la película “El Padrino”, que se ha convertido en un ícono para los armenios, quienes han visto en esa forma de proteger la familia un modelo a seguir. El sueño de la mayoría de jóvenes en ese país es llegar a ser un gangster. El sueño de Miro Ngoyan es no tener que volver.

Un bebé llamado facebook

Acabo de leer esta noticia a través de la web de El País: una recién nacida egipcia ha sido llamada “Facebook”, para rendir tributos a la red social que facilitó la comunicación durante los sucesos de estas pasadas semanas.

Más allá de lo meramente anecdótico de la noticia, no debemos dejar pasar por algo por alto: la revolución de Internet, y con ella, también de las redes sociales, ya está aquí. Si bien la brecha digital sigue siendo aún amplia (aunque con algunas noticias positivas, también durante esta pasada semana) cada vez son más las personas que tienen acceso a la Red de redes y que hacen un uso más frecuente de ella.

Unos en mayor medida que otros, todos los dirigentes de países de este planeta conocen el poder de Internet. Así ocurre, por ejemplo, en el país que estos días es noticia, Libia. Su dirigente, Gadafi, prohibe a sus ciudadanos las comunicaciones a través de Internet. Parece que esta media no ha sido suficiente a juzgar por el levantamiento de los ciudadanos  libios que,  ya que su dirigente no lo ha impedido, se comunican en la calle.

En esta relación con el  auge de  Internet de los últimos años surgen, como casi siempre, dos esferas en el ámbito político:  aquellos que reconocen públicamente el poder de Internet e intentan mejorar el acceso a la red por parte de los ciudadanos y aquellos que temen el poder de Internet y lo evitan a toda costa, con prohibiciones como las de Libia o censuras como la de China.  No hay que olvidar, sin embargo, que los que se encuentran en el primer caso no tienen por qué ser almas bondadosas y caritativas que ofrecen el acceso a Internet a sus ciudadanos a un precio cada vez más bajo para lograr un mundo mejor y más pacífico. Probablemente tengan sus intereses (los tienen, de hecho) e intenten usar Internet a tal fin. Eso ocurre dentro y fuera de la Red. Lo que ha cambiado no es eso, si no la voz de los ciudadanos, que con Internet pueden expresarse libremente para ser leídos por personas de cualquier parte del mundo y, en ocasiones, como estas últimas semanas en Oriente, para revelarse contra lo establecido, como Internet ha hecho con los medios tradicionales de comunicación de masas.

Gala de los Goya

Twitteando la gala de los Goya desde divinapalabra

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Periodismo y parcialidad

Hace algunos días, asistí, en un lugar recóndito y para mí desconocido de mi ciudad, a un “debate abierto” (lo entrecomillo porque no hubo tal debate, al menos en mi presencia, puesto que todos estaban de acuerdo), que se proponía tratar el tema “la frivolización de la prensa local“. Tal título no hizo sino llamar mi atención, con lo cual, lugar y hora indicados, me dirigí a dicho lugar.

No se habló de frivolización. El “debate” comenzó con un discurso que más que un discurso parecía un concurso de obviedades. “La prensa es parcial” “Este grupo mediático tiene intereses en este otro” “ninguno mencionó el ERE”, etc, etc, etc. La mayoría de los asistentes (siendo generosa, unas 30 personas) asentían con la cabeza, apoyando la demagogia del ponente. No se si conozco demasiado (?¿) este mundo o los demás lo conocen muy poco, pero, ¿alguien sería capaz de decirme un solo momento de la historia del periodismo en que este no haya sido parcial?

No puedo entender que, tras criticar un expediente de regulación de empleo, de una empresa cualquiera (no informativa) se critique que los periódicos están financiados por anunciantes y publicistas, o que sacan demasiados “coleccionables”. Los periódicos son una empresa (y al hablar de periódicos, hablo de cualquier medio de comunicación) y eso no debe olvidársele a nadie. Son una empresa como cualquier otra, que tiene que mantener a unos trabajadores para no recurrir a esos odiados ERE. Sin olvidar, por cierto, que es uno de los sectores más afectados por la crisis (véanse fusiones y más fusiones de cadenas televisivas).

El que siga aludiendo y soñando con la objetividad informativa es tan solo eso, un soñador. El mundo no es perfecto ¿y qué? ¿iban a ser los medios de comunicación una excepción?

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