Revoluciones árabes, ¿qué esperamos de ellas?

Hace algunos días alguien me decía que por qué no había tratado el tema de las “revoluciones” árabes en el blog. Había pensado en hacerlo, claro, cuando todo comenzaba en Túnez y  Egipto, pero los libios también quisieron unirse, así que preferí esperar para ver cómo evolucionaba la situación.

Hoy abro el periódico y veo esta noticia: La OTAN se prepara para poder intervenir en Libia. Creo que es el momento de comenzar a escribir.

Para empezar lanzaré al aire una pregunta: ¿a qué apuntan estas revoluciones? Me explico. En Europa muchos nos posicionamos, casi sin querer, del lado de los rebeldes porque, de una vez por todas, se han levantado contra la “fuerza opresora”. Ahora bien, ¿qué esperamos que consigan?

En la cabeza de muchos aparece la imagen de un mundo islámico más occidental, más democrático, donde la libertad que los dictadores robaban a la gente vuelva a aparecer… Hasta aquí bien, es posible. Sin embargo otros muchos, más ingenuos que analíticos, esperan de esas revoluciones la constitución de un estado totalmente occidental y democrático. Esta claro que, en este planteamiento debe haber algún error.

Quizá algunos o muchos, olvidan una variable que es fundamental en estos países: la religión. España atravesó también por una dictadura, se erigió en un estado basado en el nacionalcatolicismo y estuvo unido a la Iglesia católica la mayor parte del tiempo. En sus últimos años, el franquismo se separa de la Iglesia católica, y empieza a flaquear.

Esto hecho no es fortuito ni azaroso y, por el contrario, no se ha dado en los países árabes. La separación entre Iglesia y Estado es un elemento básico para el cambio en la opinión pública. Sin ella, puede haber modificación, pero no cambio. Modificación hay, eso está claro pero no podemos llamar a eso “cambio”, porque no lo es. Esto puede ser un comienzo, por supuesto, para el cambio. No debemos menospreciar a los tunecinos, egipcios y libios que, hartos de la opresión de sus respectivos regímenes, se han levantado contra ellos para derrocarlos. Sin embargo, seamos cautos con las expectativas.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. m@net
    Mar 09, 2011 @ 23:41:53

    Tal vez el frío Max Weber se presenta con más austeridad que Karl Marx o, al menos, más evidente en las posibles explicaciones en torno a estas revoluciones (tanto sus demoras como sus causas y consecuencias). Con un aparato crítico diferente, el primero propuso la religión como núcleo, posibilidad y génesis del capitalismo contra la superestructura de cimientos económicos del segundo. De cualquier manera Divinapalabra está en lo cierto cuando dice “La separación entre Iglesia y Estado es un elemento básico para el cambio en la opinión pública”.

    Responder

  2. divinapalabra
    May 23, 2011 @ 12:05:43

    Gracias por tu comentario. Un saludo

    Responder

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